Hoy me he parado a pensar, que la vida se parece a atravesar la ciudad en hora punta, hay días que las conjunciones astrales se alinean y todos los semáforos están verdes, en las glorietas imposibles pasas sin parar e incluso no hay ningún abuelito parado en el paso de cebra que cuando paras el coche te hace un gesto amable con el bastón para que pases... En cambio, otros días todos los semáforos están en rojo, mil paradas inexplicables hacen que el mismo recorrido te lleve el doble de tiempo.
Pero a fin de cuentas... ¿Qué prefieres? ¿Pasar de largo por la vida o ir parando para disfrutar cada instante?
Si pasas deprisa sin detenerte, puede que tengas esa pequeña recompensa de llegar pronto al trabajo o esa gran recompensa de ver antes a esa o esas personas que te están esperando y a las que deseas abrazar... Merece la pena claro... Pero ¿y cuando te paras?. Y observas a esa pareja de abuelitos parados en el paso de cebra, él con su boina y ella cogida de su mano y en la otra una sombrilla china para el sol. O cuando al otro lado de la acera una madre sujeta bien fuerte a sus hijos para que no salgan corriendo con esa tenacidad que solo ella sabe. O ves como el atardecer con sus múltiples colores comienza a inundar el cielo... ¿Merece la pena? Claro que si... Merece la pena pasar por la vida con sus semáforos en rojo...
Y si, a veces pienso, muy a lo Forrest Gamp, pero pienso...
